De camino a casa
Pretendiendo encontrar las palabras perfectas, ninguna parece digna de ser mostrada. Abandono mejor esa búsqueda en pos de burdas y rústicas expresiones -quiero reventar y demoler todo límite-, y ahí vuelvo a sentir es aire lo que inspiro.
Seamos como nubes, que van a donde tienen que ir, sin preguntarse ni compararse, desnudas, volubles y no quejicosas. Hermosas, en silencio.
<<No tengo nada dentro>>, puedo llegar a sentir. Nada que decir, nada que sentir, hasta que recuerdo que está bien. Todo está bien.
No digas nada, está bien, no tienes que decir nada, no tienes que satisfacer ningún modelo.
Si no tienes nada que decir, siempre puedes vomitar. O eruptar, o escupir, bostezar, lamer, o chupar. Gritar, susurrar... murmurar.
Lo que sea. Está bien.
De volver a la realidad, al corazón, es de lo que quiero hablar. Al lugar y entendimiento, donde descubro que jamás estoy solo.
Bum. Mi corazón y consciencia todo lo abarcan, y del Todo provienen. Todo es manifestación de lo mismo, de la misma fuente.
Estoy bien porque no fuerzo las situaciones, no busco con desesperación, lo que se da, se da, y lo que no ya se verá. Me desintereso por penurias tales como la perfección y el lamento.
Me desapego del fruto, me libero. Hago lo que tengo que hacer, sin preguntarme ni compararme, desnudo, voluble, y no quejicoso. Y siempre escuchando la música de dios.
Somos como perros abandonados en gasolineras. Desorientados y trastornados, olisqueamos, y poco a poco vamos encontrando nuestro camino.
Sólo que en verdad no fuimos abandonados, sino colocados ahí -con amor- para vivir la Aventura de encontrar y trazar nuestro camino de vuelta a casa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario